Queridos amigos,
Se que tengo un sitio en el corazón de ustedes, y eso me llena de gozo, y con franqueza se que puedo comunicarme, he
encontrado muchas dificultades, sobre todo con el aprendizaje del idioma, tan diferente al mío, también en mi interior he
tenido muchos temores, pero me anima pensar en la solicitud de ustedes hacia mí, hombres, mujeres, de todas las edades,
dispuestos a orar por mi, en el tiempo que quizás estarían haciendo otras cosas, pero que abandonan sus propios pedidos por
los míos.
Soportan la tristeza que les causa mi carta, pero reaccionan con la conducta que Dios espera de ustedes: la fidelidad, esta es la
bendición y nada hay que lamentar. Ahora se ven los resultados, tanto que algunos desearon verme, y se animaban a ver que
lograban. Con todo esto han demostrado lo mucho que me aman, y yo puedo ver la preocupación de ustedes por mí. Y esto es
un tremendo consuelo y alegría. |